Dominando el arte de "estar constantemente presente"
Desde muy chiquito generé interés por los animales no humanos, y encontré bastante afinidad por las aves, específicamente por los pájaros.
Quién me conoce, sabe que por momentos puedo llegar a perderme observándolos, tratando de identificar o de anticipar sus movimientos y, que al escuchar un sonido llamativo o peculiar, rápidamente busco al responsable del mismo. No me considero un experto sobre estos bellos seres, pero algo sé con certeza: los pájaros llaman poderosamente mi atención.
Mis primeras fotos de aves en 2011 - Papamoscas Cardenalito (Pyrocephalus rubinus)
Gavilán de Cooper (Astur cooperii)
Conocí formalmente lo que se conoce como “pajarear” apenas un par de años atrás. De manera simple, el "pajareo" se refiere a la actividad de ir al encuentro de aves, (si tienes mayor experiencia o interés, acompañado con "equipo especializado" como una guía física o digital, binoculares o cámaras con lentes de gran alcance) ya sea para observarlas, identificarlas, dibujarlas, retratarlas, registrarlas, o simplemente para recorrer un lugar disfrutando el paisaje.
Siempre me cuestioné qué carajo hacían las personas saliendo a primera hora por la mañana para buscar pájaros, gente viajando por todos los rincones del mundo a lugares remotos, inaccesibles, y muy específicos, en búsqueda de "avistamientos". Para mí todo cobró sentido cuando conocí al Quetzal Resplandeciente (Pharomachrus mocinno), un "lifer" (en el argot pajarero, se define como primer encuentro con una especie que no habías visto/escuchado en tu vida), que me replanteó muchas creencias en mi vida y que hasta hoy busco con la misma emoción.
Quetzal Resplandeciente en el departamento de Sololá, Guatemala
Quetzal Resplandeciente en el estado de Chiapas, México
Costa Rica fue el lugar donde me inicié en la “pajareada”, tuve la oportunidad de hacerlo en Monteverde dentro de la mágica Reserva biológica de Bosque Nuboso.
Estuvimos acompañados por André, una persona con un enorme conocimiento, entendimiento y amor por las aves. La experiencia fue fascinante y el aprendizaje mayúsculo. Antes de esa experiencia, yo me consideraba una persona atenta a lo que sucede en su entorno, pero "pajarear", me exigió una atención especial al detalle. Esta actividad consiste en poner todos los sentidos alerta, pues todo el tiempo están ocurriendo cosas mientras existes/caminas y fácilmente puedes perdértelo.
Tucán Pechigualdo (Ramphastos ambiguus)
Colibrí Orejas Violetas Menor (Colibri cyanotus)
Garcita Verde (Butorides virescens)
No es ningún secreto, fotografiar aves no es tarea sencilla. Te enfrentas a animales de una enorme energía, inquietos, algunos muy pequeños y esquivos pero cuando logras retratarlos, transmiten tanta paz, además de que se llegan a ver majestuosos, gigantes, imponentes.
Cabe destacar que para fotografiar a estos seres de manera profesional es necesario equipo específico (y en ocasiones muy caro) como telefotos luminosos y de gran alcance, cámaras rápidas y precisas con sensores que toleren condiciones de poca luz; también se necesita una gran noción de los movimientos y comportamientos de los mismos; además requiere tiempo, un privilegio en estos tiempos que vivimos, muchísima paciencia y una gran dosis de suerte.
Quién lo ha practicado con una cámara, sabrá que lo más hermoso es el resultado fotográfico de cada salida pajarera. Es una combinación de frustración, goce, ansía y emociones varias, para revisar cientos de fotografías fuera de foco, movidas o "enramadas", pero hay una que normalmente sobresale y queda perfecta, eso hace que valga la pena el haber cargado con el equipo.
Cuclillo Canelo (Piaya cayana) volando fuera de mi fotografía
Chipe de Townsend (Setophaga townsendi) escapando de mi primer registro
Para mí el pajareo se convirtió en un "arte" que combina de manera perfecta la conexión, la contemplación, el silencio, la aventura, el aprendizaje, la interacción, el entendimiento, la escucha, la observación; y qué mejor que capturarlo en imágenes.
Esta actividad va de entender que la vida merece ser vivida más despacio; que mientras tú caminas y alzas la cabeza, todo está siendo y sucediendo; que, aunque lo ignores, se te olvide o no lo notes, eres parte de un todo y ese todo es parte de ti; a mí me enseño que los encuentros fortuitos son tan fugaces como eternos.
¿Qué sería de este mundo si la gente supiera menos de productos, marcas, personas "famosas" u otras banalidades, y se acercara, conociera e identificara más sobre las aves y del mundo que nos rodea?
Cuando el pajareo llega a tu vida, llega con dolores de cuello crónicos, levantadas tempraneras, asoleadas intensas, pero con una apreciación distinta de la vida. Pocas actividades son tan relajantes, gratificantes y gratuitas como el pajareo; y sólo te piden una cosa a cambio: estar constantemente presente.